Hojas de otoño.

La primera vez que te vi, teníamos prisa.

Nuestros ojos ni siquiera se encontraron, nuestras voces no compartieron el mismo espacio.

Nos olvidamos el uno del otro. Tal vez oímos nuestros nombres en las conversaciones, los vimos escritos. No significaba nada.

La segunda vez que nos vimos fue instantáneo. Algo hizo clic, como lo hace en las películas. Pero a diferencia de ellas, no era un cuento de hadas. No fue amor a primera vista, ni felices para siempre. Fue como abrir un libro viejo, cubierto de polvo con páginas amarillas y palabras escritas a toda prisa en los márgenes. Fue como si mi alma reconociera la tuya y se abrazaran como viejos amigos. Viejos amigos que podrían haber sido algo más. Pero el momento nunca fue el correcto. No digamos ya el tiempo, sino el espacio.

Tuvimos una pequeña charla pero mi mente estuvo en blanco todo el tiempo que te miré y tú me miraste como si mis ojos nunca terminaran y supieras todo lo que había por saber sobre mí.

No pude evitar la sensación de que había algo más que debía suceder, algo más que una conversación educada.

Y luego me hablaste. Dijiste que sentías que nos habíamos conocido antes. Dijiste que sentías que nos conocíamos desde siempre. Al igual que yo lo sentí. Y mi corazón no estaba seguro de si eso fue solo una frase que dijiste o si realmente lo sentías, pero te creí. Era tu última noche aquí y cada impulso dentro de mí me dijo que tenía que arriesgarme.

Y así nos vimos después de las horas. Nos escabullimos como niños pequeños cuando sus padres se duermen. Y hablamos durante horas, de cualquier cosa, de todo. Infancia, pérdidas, familia, amantes, problemas, enfermedades e incluso la muerte. Tratamos de meter toda una vida en una noche. Hasta que tu sonrisa nerviosa se convirtió en un beso en mi mejilla y no pude evitar sentirme como en casa, junto al mar contigo.

Y nos enamoramos por solo una noche. Sentados junto al mar, con la luna mirándonos, medio sonriendo a nuestra risa infantil. Era más fácil perderse en tus ojos que en el mar infinito. La forma en que me miraste es algo que nunca olvidaré, las palabras que me dijiste fueron escritas perfectamente para esa noche. Nos prometimos ese instante y los otros que pudieran llegar, conscientes de la imposibilidad de un futuro, pero con la esperanza de encontrarnos de nuevo, en otra noche, junto a otro mar, pero debajo de la misma luna.

Dijiste que estabas seguro: en otro universo nos habíamos encontrado en el momento adecuado, en el lugar correcto. No había kilómetros que nos separaran y nos conocimos desde que éramos niños, desde entonces fuimos inseparables. Me contaste la historia de cómo nos conocimos en esa vida y lo felices que éramos entonces. Estos eran solo los remanentes de vidas pasadas. Estábamos tan enamorados, que había traspasado el tiempo, las dimensiones y el espacio para encontrarnos aquí, esa única noche. Y por una fracción de segundo, fuimos felices aquí: en esta vida, en este universo.

Hasta que nos dijimos adiós.

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Palabras que nunca leerás: parte II.

Quiero escribir acerca de ti. Acerca de la primera vez que escuché tu voz, entre la música y el ruido. Nuestra primera conversación en donde me dijiste que te irías de la ciudad y yo deseé haberte conocido antes.

Quiero escribir acerca de cómo nos enamoramos. A través de mensajes y torpes indirectas. Como comenzó nuestra relación cuando dejaste la ciudad y solías sorprenderme con tus visitas. Aprendí a extrañarte y a esperarte.

Quiero escribir acerca del primer susto que me diste. Cuando entre disfraces y bromas te vestiste de paz y ni siquiera por la ironía pudiste evitar meterte en problemas y el miedo no me dejó dormir. De cómo la mañana siguiente apareciste como si nada hubiera pasado, con la camisa ensangrentada pero sin una preocupación en el mundo, algo tan característico en ti.

Quiero escribir acerca del Año Nuevo que pasé a tu lado. De mi vestido azul y tu camioneta que se descomponía en todas las calles. De las fiestas que visitamos y el amanecer que inundó nuestras caras mientras nos prometíamos todos los años nuevos que faltaban por venir.

Quiero escribir de las canciones que grabaste para mí porque te preocupaban mis gustos musicales. De las madrugadas que me llamabas para que fuera a rescatarte y de la manera en que me hacías enojar cuando tu aliento se paseaba por mi auto. De cómo decías que te daba miedo mi izquierda cuando conducía y me pedías el volante.

De cuando me vestía en colores radiantes que nunca pudiste ver y la manera en que siempre tratabas de adivinarlos para no hacerme sentir mal.

Pero para que esto sea real, no quiero escribir solo de las cosas buenas. Quiero escribir de las malas, de cómo me dejabas sola en las madrugadas y las veces que olvidaste llamarme. Quiero escribir acerca de cómo llegabas después de varias cervezas a mis ensayos de teatro y me visitabas en mi casa mientras volabas alto.

Quiero escribir de cómo te dejé. Cuando tu indignación no tenía mucho que ver con nuestra relación y bastante que ver con tu ego y de cómo no pude evitar sonreír cuando me di cuenta porque es tan tú.

Quiero escribir de cómo volviste a mi vida. Cuando dejaste de ser mi ex novio y te convertiste en un amor que no me dejó ir. De cómo te negabas a que dejara de estar en tu vida y como por más que lo intenté nunca me dejaste marchar.

De cómo nos amamos en lo platónico mucho más que en nuestra relación y de aquél último café que compartimos un noviembre. De cómo llegaste tarde, como siempre, y te quise un poquito más por eso.

Quiero escribir acerca del último mensaje que me enviaste, con mi apodo seguido de signos de admiración casi pude sentir tu enojo en él. Parecía que querías decir “contéstame ahora”. De cómo no contesté ese mensaje.

No quisiera escribir acerca de esto. Acerca del mensaje que recibí que cambiaría mi vida por completo. No quisiera escribir acerca del día que supe que te habías ido de este mundo y me habías dejado aquí. Ni de los días que vinieron después. De cómo el universo se volvió gris y por fin pude saber la manera en que se veía para ti. De cómo el dolor me volvió daltónica y te juro que no he vuelto a ver los colores de la misma manera desde que te fuiste.

De cómo desearía haber contestado tu mensaje y que tus últimas palabras para mi fueran diferentes. De cómo me quedé con tantos hubiera que no me caben en el corazón.

No pasa un día sin que te recuerde y alguna vez me prometiste que siempre estarías ahí para mí. Ahora es mi turno de no dejarte ir: te quedas en mi corazón, por siempre. Esta es mi promesa.

Reconocerte entre tus voces.

Hace tiempo amé a un chico especial. Atravesaba más operaciones en un año de las que una persona normal tendría en toda una vida y cada vez que salía de ellas, había algo diferente en él: su voz.

Nunca nos preocupamos mucho por ello, parecía rutinario verlo entrar y salir del hospital con tanta frecuencia. Recuerdo siempre esperar su llamada para reconocerlo desde la distancia, recuerdo sus bromas acerca de ello. ¡Nueva voz! Le decía al escucharlo por primera vez.

Si una persona más, me vuelve a decir que es momento de superar su muerte, voy a contarle nuestra historia. Una y otra vez, hasta que entiendan que nunca olvidas a la persona que te enseñó lo que era sentirse a salvo. Cuando extrañas a alguien y lo único que tienes son recuerdos, los repites en tu cabeza una y otra vez como una película; pero la realidad es que la memoria no es eterna y el paso del tiempo debilita hasta lo intangible.

Aún recuerdo cómo sonaba su voz el día que nos conocimos y la manera en que las palabras se paseaban desde su garganta la primera vez que me dijo te quiero. Cada pedacito de la vida que compartió conmigo está envuelto en voces diferentes y a veces encuentro en extraños, un tinte de ellas. Me rehúso a hablar con ellos de la misma manera en que me rehúso a usar sus colores favoritos con alguien más y a entablar una amistad con alguien que comparta su nombre.

Hay una ruta que lleva a mi casa que jamás tomo, porque implicaría pasar por el lugar en donde me prometió que siempre estaría a mi lado. Cuando es inevitable atravesarla, escucho los ecos de la promesa más bonita que una madrugada ha visto y mi alma se debate entre esbozar una sonrisa nostálgica y romper en llanto.

Hoy recuerdo los colores de su voz el día que nos vimos por última vez y me aferro a la memoria de sus llamadas por la madrugada. Cuando me aterra pensar que un día mis memorias de él se convertirán en silencio, me reconforta el saber que tengo una sinfonía de voces que recordar que me durarán el resto de mi vida.

 

Adiós, cielo.

Quiero dejarte ir, de la misma manera en que te amé. En que te amo. Para siempre.

Pero a veces me pregunto si este “para siempre” será igual a aquellos que alguna vez nos prometimos. Una mentira. Es decir, me aterra la posibilidad de que “para siempre” sea solamente “hasta la próxima vez”.

Así que por ahora te dejo ir, con cada uno de los nuevos detalles que aprendí de ti. Te dejo ir, cargado de nuevos recuerdos y con la nostalgia entrelazada en tus dedos. Te dejo ir, sabiendo que lo peor ya vino y sí nos importó. Te dejo ir, sabiendo que aunque tú eres el indicado, el tiempo nunca lo fue.

Te dejo ir y me limito a soñar con el universo en que decidiste quedarte y yo no fui una cobarde.

Te dejo ir, hasta la próxima vez.

En este universo.

– ¿Me dirías algo?- pregunté
Él me miró, tragándose los nervios tan evidentes en su rostro, sabiendo perfectamente que lo que voy a preguntar es doloroso, pesado.

– Dime otra vez por qué me amaste, y dime por qué te fuiste.-

– Después de todos estos años, ¿es eso lo que vas a preguntarme?- agitó su cabeza, sin sonar sorprendido. – Te amé – dijo después de un rato – porque no podía evitarlo. Estabas atrapada debajo de mi piel. Eras el aire que creí que no necesitaba para respirar. Eras… peligrosa y magnífica. Eras el amor de mi vida. Y me fui porque no importa lo que hiciéramos, estábamos destinados a destruirnos el uno al otro.-

Me reí sardónicamente, y le sonreí a este hombre, y recordé a este chico que solía incendiarme, alguna vez. Los minutos pasaron y solo nos sentamos ahí, sorbiendo tazas de café como si fuera la cosa más común, actuando para todo el mundo como amigos poniéndose al día.

Me tragué todo el dolor que bloqueaba mi garganta como ácido y miré a este hombre que no había tenido el privilegio de ver crecer, pero que amé.. amo, aún en este tiempo, siempre y le pregunté,

-¿Crees que algún día dejaremos de amarnos?-

– No – dijo, desviando la mirada. – Pero creo que nunca estuvimos destinados a estar juntos.-

Para el chico que mató una parte de mí.

Me dijo que se quedaría conmigo.
Conmigo, la chica cuyas manos se deshacen en ansiedad cuatro veces por minuto,
la chica que no sabe diferenciar entre pasión y dolor,
la chica con un corazón permanentemente abierto, que necesita más
de lo que jamás podrá dar.

Dos años
de lo que creí que significaba eternidad
aplastados
bajo el peso de otra chica en su cama.

Me digo que no quiero recordarlo, que no necesito
recordarlo, pero cuando todo lo que me rodea
ha sido tocado por su recuerdo, no puedo evitar intentar
armar el rompecabezas de nuevo.

En realidad ya no duermo por las noches, ¿lo ves?
Mis sueños se convierten en pesadillas, cubiertas
en la imagen de él y ella, con la felicidad atorada
entre sus dientes,
mientras mi corazón se pudre con melancolía.
Algunas veces
los pedazos se caen cuando trato de besar otras personas;
los guardo en mi bolsillo, rápido y en silencio,
esperando que no noten su nombre llenar
los espacios que crean – no entiendo como
no lo sienten en mi lengua tan claro como yo,
como no sienten la manera en que me imagino tocando su rostro,
no el de ellos, en la oscuridad de habitaciones extranjeras.

Pero esta no soy yo pidiendo compasión,
esta no es una solicitud de lástima en forma de poema, este es
mi cierre. Esta es la tan esperada aceptación de aquello que me dejó
caminando por los pasillos de mi trabajo llorando, aquello
que causó una erupción volcánica de amargura e inquietud en mi
pecho. Esta soy yo
aceptando el hecho de que cuando lo besé
por última vez, sentí el nombre de ella marchando en su garganta.

Espero que ella le escriba poesía. Espero que consuma toda
la oscuridad dentro de su cabeza que él nunca me dejo alcanzar.
Espero que ella le haga ver que vivir falsamente no es una
manera de vivir cuando hay personas afuera que
darían su mundo y su corazón para garantizar que él viva
con un gozo que ellos jamás sentirán.
Espero que él tome nota del error que cometió.

Yo lo hice.

De los colores en mi piel

Quizá me rompiste el corazón
porque querías que
te escribiera un poema 

Quizá
querías saber
de una buena vez
qué hay en mi corazón 

Lamento decirte
que la herida es superficial
dicen mis viejos amores
-aquellos de los que
te ponías celoso-
que no dejarás cicatriz

Exagerando
un par de meses
hasta que tu marca
se desvanezca
y aún así
un poquito más
de lo que duró
tu lealtad

Aún así
un poquito más
de lo que tardaste
en buscar la eternidad
que nunca te supe dar
en los brazos de alguien
que no era efímera

La primera vez
que me besaste
no te detuviste ahí
así que tu puño y
tus labios
se volvieron uno para mí
quizá
eso te hizo sentir
valiente

La segunda vez
que pensaste
que yo no era
suficiente
decidiste dejar
manchas de colores
en mi piel
y yo intenté borrarlas
con disculpas

La tercera vez
dibujaste gotas carmesí
al lado de mi tatuaje
y aunque no combinaban
por un momento creí
que también serían
permanentes

Así que todas estas veces
creí que tenías razón
y las disculpas se volvieron
mi lengua materna 

Pero de alguna manera
me dolió más
el orgullo que la piel
y decidí marcharme
cuando en lugar de mi cuerpo
golpeaste mi corazón

Y cuando
no me detuviste
entendí que
el sonido de mis lágrimas
te gustaba más
que el de mi voz

Quizá
me rompiste el corazón
porque querías que
te escribiera un poema
aquí está:

 cobarde.

Pero no digas una palabra.

Cuéntame acerca de esta chica que te hace vibrar ahora, dime si te toca de la manera en que yo lo hacía, dedos entrelazados en tu nuca, recorriendo tu piel, cabello, labios, como si fueras territorio desconocido que anhelo explorar –

¿O acaso ella te sujeta con delicadeza, de la manera en que yo nunca lo hice? 

¿Te sostiene en una sinfonía de amor desavergonzado, no tiene miedo de beberte, te ama de la manera en que lo mereces?

¿Tiene un rostro hermoso con ojos amables, es hermosa de la manera en que cuenta?

¿Dice tu nombre con fragilidad en donde yo lo decía con firmeza? ¿Es suave en los lugares en que yo era un rayo de intensidad? ¿Mantiene tu corazón en calma a diferencia de las marometas que yo le provocaba?

¿Me darías paz diciéndome que sí, ella no es yo y ella no tiene mi pasión y la manera en que tomé tus piezas rotas y escondidas pero también me dirías que ella es correcta en todas las maneras en que yo nunca lo fui y que tiene más que suficiente para hacerte feliz porque yo siempre fui un huracán en los lugares que tú deseabas preservar?

Así que cielo, cuéntame acerca de esta chica que te hace vibrar ahora. Dime que ella te ama de la manera correcta. 

Ojitos verdes.

Recuerdo el día en que la conocí. Por ahí de una década atrás, una niña sentada en silencio y mi desesperación por conocerla como si supiera lo mucho que cambiaría mi vida. Crecimos juntas. Hicimos la rutina soportable e incluso divertida, con juegos inventados e interminables risas.

Estuvo a mi lado la primera vez que me rompieron el corazón y yo estuve ahí cuando una mentira le robó el brillo a sus ojos. Lloramos, maldijimos, odiamos y vertimos nuestros corazones en la otra hasta que aprendimos a respirar de nuevo. El brillo volvió a sus ojos, mi corazón sanó y enfrentamos el mundo como hermanas una y otra vez.

Me vio caer al lugar más oscuro e incluso cuando todos me dieron la espalda, ella extendió su mano hacia mi y me llenó de amor mientras yo encontraba la salida.

A veces creo que conocerla fue el regalo que el universo me dio para compensar todas las malas jugadas que me ha gastado a lo largo de mi vida y que, el hecho de que siga aquí es un recordatorio de que hay mejores días por venir. Es la parpadeante esperanza de que la vida no es tan mala si alguien como ella existe tan cerca de mí. Incluso en los días en que la depresión nubla mis ganas de seguir adelante, una palabra de ella enciende la luz y me hace olvidar que algo como la oscuridad existió alguna vez.

Podría escribir mil palabras y ninguna le haría justicia a su corazón. En armonía con su mente perfectamente creativa, ambos son enormes y están llenos de los sentimientos más bonitos que uno puede encontrar: hay amor de sobra, perdón para repartir y en los días en que las cosas van mal, casi siempre deja que gane la bondad.

Es curioso como puede ser una artista y a la vez ser ella misma la pieza más bonita y original que el interior de cualquier museo ha visto.

¿Crees en las almas gemelas?

Creo que nunca son románticas. Esa clase de amor te orilla a esforzarte por la personalidad correcta, la que te haga ser amado y luego a comprometer partes de ti que podrían alejar al otro. Te conviertes en lo que quieres ser, no en la esencia de ti. Las almas gemelas son otras personas, quienes te ven en realidad y se muestran igual y aprenden a conectar con cada pedacito de tu corazón. Quizá tus padres o un amigo de la infancia que siempre recuerdas con cariño.

Pero si tienes suerte, esa persona será tu mejor amiga, tu hermana. Ella lo es.