Refugio

Ya no estoy hecha de papel. 

Sé que estás acostumbrado a tener cuidado alrededor mío, a medir tus palabras para no romperme en un millón de pedazos. Pero mi cuerpo ya no se quema con el roce de tu piel. No provocarás un incendio por decir “adiós” o “estoy enamorado de alguien más”.

Está bien.

Lo entiendo ahora. Fuiste mi “por siempre” y yo el tuyo pero nuestro tiempo era limitado. Ya no nos conocemos y está bien. Aún así estoy feliz de saber que estás vivo y que existes en un lugar no tan lejano a mi, y si algún día decides dejarme entrar de nuevo a tu vida -no a tu lado, ya no- aún creeré que estamos destinados. Quizá no a estar juntos pero sí a existir en la vida del otro, como una constante, un lugar seguro: un refugio.

Siempre seré tu refugio, incluso si eso quiere decir que sólo podré escucharte cuando ella no lo haga.

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