Compañero, usted sabe.

Te extraño, te necesito, me haces falta. Respiro y espero encontrarte al exhalar pero no estás. Estoy aquí, te escribo y siento que mis letras se pierden en el camino y no llegan a ti. Te escribo y siento que si mis letras llegan, lo hacen vacías y ya no hay espacio en tu corazón para mi recuerdo. ¿Dónde estás? Ven a existir al lado mío, te necesito.

Confesiones, parte II.

 

Besé a otro chico
Y por primera vez no rogué por tu sabor cuando mis labios se encontraron con los suyos.
Y cuando sus manos quemaron marcas de mordidas en mi piel
Cielo, me sentí viva de nuevo.
No te confundas, siempre serás el primer chico que me prendió en fuego cuando estaba ahí parada con mis brazos extendidos, diciendo “ámame”.
Pero aquí,
Con este chico
que no podría parecerse a ti
Incluso si lo intentara
Estoy comenzando a sentirme bien de nuevo, como si los suspiros de ti se hicieran más y más débiles;
Casi puedo escucharme decir
“Finalmente te estoy dejando ir”.

Los verdaderos héroes anónimos son los amigos silenciosos.

Existen amigos silenciosos, que escuchan cuando nadie más está, que consuelan cuando los demás reprochan y que guardan tu dolor en ese espacio que la inesperada amistad ha creado entre los dos. Hay amigos silenciosos que no le temen a tus fantasmas y que comprendiendo tu locura, no hacen menos ninguno de tus problemas. Amigos silenciosos que no caen en los clichés de la amistad y que incluso negarían que tal existe con sus palabras por el simple hecho de evitar una conversación en la que agradezcas su labor, pues estos amigos silenciosos muestran su grandeza de corazón con sus acciones, las cuales le quitan el vacío a sus palabras para convertirlas en el más precioso apoyo que pueda existir.
Gracias, mi amigo silencioso. Gracias, porque cuando recurro a ti es porque no encuentro la salida y estoy dispuesta a rendirme. Gracias porque dentro de ti, detrás de la fachada desinteresada se encuentra la mayor muestra de humildad que he conocido jamás: el creer no poseerla. Porque piensas que tus palabras son mínimas, sin darte cuenta de las veces que me has salvado la vida.
Gracias porque me has demostrado que la pureza se lleva en el corazón y no en el cuerpo. Porque me has demostrado que a pesar de nuestras batallas es posible no corromper nuestra alma y que siempre; siempre habrá un camino para volver a casa. Gracias porque tu fortaleza es un impulso a seguir adelante, porque me enseñas la vitalidad de amarnos a nosotros mismos y nunca rendirnos.
Gracias amigo silencioso, por no rendirte jamás.