Reconocerte entre tus voces.

Hace tiempo amé a un chico especial. Atravesaba más operaciones en un año de las que una persona normal tendría en toda una vida y cada vez que salía de ellas, había algo diferente en él: su voz.

Nunca nos preocupamos mucho por ello, parecía rutinario verlo entrar y salir del hospital con tanta frecuencia. Recuerdo siempre esperar su llamada para reconocerlo desde la distancia, recuerdo sus bromas acerca de ello. ¡Nueva voz! Le decía al escucharlo por primera vez.

Si una persona más, me vuelve a decir que es momento de superar su muerte, voy a contarle nuestra historia. Una y otra vez, hasta que entiendan que nunca olvidas a la persona que te enseñó lo que era sentirse a salvo. Cuando extrañas a alguien y lo único que tienes son recuerdos, los repites en tu cabeza una y otra vez como una película; pero la realidad es que la memoria no es eterna y el paso del tiempo debilita hasta lo intangible.

Aún recuerdo cómo sonaba su voz el día que nos conocimos y la manera en que las palabras se paseaban desde su garganta la primera vez que me dijo te quiero. Cada pedacito de la vida que compartió conmigo está envuelto en voces diferentes y a veces encuentro en extraños, un tinte de ellas. Me rehúso a hablar con ellos de la misma manera en que me rehúso a usar sus colores favoritos con alguien más y a entablar una amistad con alguien que comparta su nombre.

Hay una ruta que lleva a mi casa que jamás tomo, porque implicaría pasar por el lugar en donde me prometió que siempre estaría a mi lado. Cuando es inevitable atravesarla, escucho los ecos de la promesa más bonita que una madrugada ha visto y mi alma se debate entre esbozar una sonrisa nostálgica y romper en llanto.

Hoy recuerdo los colores de su voz el día que nos vimos por última vez y me aferro a la memoria de sus llamadas por la madrugada. Cuando me aterra pensar que un día mis memorias de él se convertirán en silencio, me reconforta el saber que tengo una sinfonía de voces que recordar que me durarán el resto de mi vida.

 

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Hola, extraño.

Tiene mucho tiempo que no coincidimos en el mismo espacio. A veces me pregunto que pasaría si nos conociéramos hoy. ¿Nos amaríamos de la misma manera en que nos amamos hace tantos años?

No soy la misma persona que conociste hace algunos años. Mis flores favoritas ya no son las gerberas y mi corazón ya no se emociona con los poemas que alguna vez compartimos. Solía detestar a Van Gogh y el día de hoy no pasa un día sin que vea sus girasoles y sienta su tristeza a través de las pinceladas. Mi canción favorita ha cambiado al menos una docena de veces y aquellas que cantábamos a todo pulmón hoy no las puedo escuchar.

Tiene un par de años que dejé de pintar y ya no me avergüenza cantar frente a extraños. Mis libros favoritos me aburren hoy, hay actores que ya no soporto y personas que amaba y han olvidado mi nombre.

Pero supongo que hay cosas que siguen igual. Aún me asustan los truenos y la oscuridad, sigo siendo terrible al volante y todavía no sé estacionar en paralelo. Lloro con las mismas películas que antes y también me muevo con mi control en los videojuegos. Todavía no puedo pronunciar Bethlehem y conservo los souvenirs de nuestro pasado.

Sin embargo, en todo este viaje de personalidades, la mayor constante es que las letras que mis manos escriben siguen siendo tuyas.  Toda mi creatividad consiste, en menor o mayor medida, en ti. No has dejado de ser un tema recurrente en mis escritos y por más que me gustaría escribir acerca de otra cosa, nuestra historia demanda ser contada. Ahora, no estoy segura de llamarle poemas y prosa a lo que escribo acerca de ti, quizá un título más apropiado sería leyenda; a veces no estoy segura de si realmente existimos de esta manera o solo es mi mente idealizando lo que pudo haber sido… Pero si de algo estoy segura es que ya no somos la realidad que plasmo en letras.

Lo que intento decir, no solo es que no soy la persona de la que te enamoraste, sino que no soy la persona que se enamoró de ti.

Compañero, usted sabe.

Te extraño, te necesito, me haces falta. Respiro y espero encontrarte al exhalar pero no estás. Estoy aquí, te escribo y siento que mis letras se pierden en el camino y no llegan a ti. Te escribo y siento que si mis letras llegan, lo hacen vacías y ya no hay espacio en tu corazón para mi recuerdo. ¿Dónde estás? Ven a existir al lado mío, te necesito.